Algunas dudas frecuentes

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Cualquier persona puede beneficiarse de una psicoterapia, el hecho de que los valores, pensamientos, conductas o sentimientos no estén en armonía con lo que uno es o desearía ser puede ser suficiente. Si bien es cierto, la mayoría de las personas que consultan lo hacen porque hay algo que genera malestar. Este puede tener que ver con síntomas concretos, problemas en uno o varios áreas de la vida, dificultades para enfrentar o superar situaciones vitales, vivencias traumáticas sin elaborar…

Las personas tenemos una gran capacidad de adaptación, es tal que incluso nos adaptamos al sufrimiento. Es el cliente quien tiene que valorar la intensidad y frecuencia del malestar que le impulsa a pedir ayuda,  así como el grado de interferencia que tiene  en su funcionamiento en las distintas áreas de su vida. Una frase habitual finalizado un tratamiento es «¿Cómo podía yo vivir antes?». Más que de gravedad o sufrimiento, se trata de vivir en la mayor armonía posible con uno mismo y con el entorno.

Esta es una decisión complicada, ya que confiar la historia y vivencias personales a alguien no es tarea sencilla. Para que la psicoterapia funcione es muy importante valorar en las primeras sesiones si estás cómodo con el profesional que has escogido, ya que además de la persona misma, hay diferentes enfoques, modelos y estilos. Suele ser necesario pasar por unas primeras entrevistas para evaluar esto, siendo consciente de que siempre debe existir libertad para interrumpir un tratamiento y/o cambiar de profesional.

Yo me refiero a la manera en la que trato de acercarme a cada cliente, a lo que siente y piensa, su manera de relacionarse con el entorno, lo que ha vivido y lo que desea ser y hacer…. En la medida que todas las historias y vivencias son distintas, los profesionales somos quienes debemos adaptarnos a cada persona. Se establecerá un contrato y un compromiso entre cliente y profesional, revisable continuamente y será el cliente quien determine la profundidad del trabajo que se realice y la duración del tratamiento. Para mí es fundamental el respeto por el ritmo y el proceso de cada persona.

 

En la mayoría de los casos, no son incompatibles. Existen situaciones de gran malestar y sufrimiento en las que puede ser aconsejable la medicación. El objetivo de ambas terapias (farmacológicas o psicoterapia) puede parecer el mismo, eliminar síntomas y aliviar el sufrimiento. Sin embargo, no es así. La psicoterapia trata de potenciar los recursos personales, buscando dentro de la persona las áreas de salud y bienestar. Estoy convencida de que aún con un diagnóstico psiquiátrico en las personas existe siempre capacidad de mejora y reconexión con uno mismo.